La vÃctima que yacÃa en la mesa de acero inoxidable de Kevin Hynes, el 11 de marzo de 2015, no mostraba una causa obvia de muerte. No habÃa heridas que indicaran que habÃa sido golpeada por un automóvil o electrocutada—los asesinos habituales. Vestido con uniforme quirúrgico y guantes de látex, Hynes, un biólogo de vida silvestre del Departamento de °ä´Ç²Ô²õ±ð°ù±¹²¹³¦¾±Ã³²Ô Ambiental de Nueva York en Delmar, miró a través de la lupa en visera colocada sobre la banda en su cabeza y examinó el Ã�guila Calva más de cerca.
Era una hembra, parecÃa estar en buena salud y era, probablemente, una madre incubando huevos, indicado por la piel desnuda—un parche de incubación—en su vientre. El contenido de su estómago mostró que habÃa estado lo suficientemente en forma como para encontrar un conejo ese mismo dÃa. Pedazos de pelo y piel de oveja en la parte posterior de su boca proporcionaron una pista de cuál fue la comida más reciente que habÃa sido interrumpida. Tal vez la habÃan envenenado, pensó Hynes. Ordenó un examen de toxicologÃa.
Un par de semanas después, los resultados revelaron al culpable: el carbofurano, un quÃmico neurotóxico conocido como uno de los pesticidas más mortÃferos de la historia. Un cuarto de cucharadita puede matar a un oso de 400 libras en minutos. Es especialmente letal para las aves. Mientras que el pesticida DDT—prohibido en la década de 1970 después de llevar a las Ã�guilas Calvas, los Halcones Peregrinos y los PelÃcanos Pardos casi al borde de la extinción—avanza de manera gradual en la cadena alimentaria, como una enfermedad progresiva, el efecto del carbofurano es instantáneo. "Interfiere con las enzimas que ayudan a que los nervios se comuniquen entre sÃ", dice Ngaio Richards, biólogo de vida silvestre con residencia en Montana y experiencia en ciencias forenses, quien escribió un libro que documenta las intoxicaciones animales globales por carbofurano. "Cuando un animal está expuesto, sufre convulsiones e insuficiencia respiratoria. Es una muerte horrible".
El carbofurano fue retirado del mercado estadounidense en 2009, pero no desapareció. Las personas aquà y en otros lugares, incluso en muchos paÃses donde todavÃa se vende de manera legal, lo usan para matar animales, en lugar de los insectos que se supone está destinado a atacar. En Europa, los guardas de caza que defendÃan a los faisanes en fincas de caza envenenaron a cientos de aves de rapiña, incluidos Milanos Reales, Ã�guilas Reales y Pigargos Europeos, y Azores. Cerca de 190 buitres murieron en Kenia después de comer sobre los restos de un animal que habÃa sido rociado con carbofurano. Un cientÃfico que estudiaba las aves observaba con horror cómo caÃan del cielo a los pocos minutos de haber terminado su comida. Más de 230 cadáveres de Cisnes Silbadores constituyeron una escena del crimen por carbofurano en un lago del interior de Mongolia (las autoridades sospechan que los cazadores furtivos intentaron vender las aves a restaurantes, algunos de los cuales ofrecen "banquetes de cisne").
Las águilas han sido un objetivo especialmente común en los Estados Unidos. El pasado mes de mayo, los investigadores de vida silvestre ofrecieron una recompensa de $10,000 por información relacionada con una serie de envenenamientos por carbofurano en la costa este de Maryland que habÃan aniquilado a seis Ã�guilas Calvas y un Búho Real Americano. Un caso similar sin resolver hace tres años dejó 13 águilas muertas.
"Todo el mundo sabe que esto funciona muy, muy bien para matar animales", comenta Mourad Gabriel, investigador asociado del One Health Institute de la Universidad de California en Davis y codirector del Centro de Investigación de EcologÃa Integral. En algunas partes de California, en las que trabaja Gabriel, los productores de granjas ilegales de marihuana en tierras públicas han estado utilizando carbofurano para proteger sus campamentos de los osos y otros animales salvajes. Como resultado, los cientÃficos están encontrando cadenas alimenticias enteras—desde polinizadores y roedores hasta aves de rapiña y coyotes—diezmados por el pesticida.
Y asÃ, a pesar de que se ha vuelto más difÃcil de adquirir, la popularidad del carbofurano ha crecido. El pesticida, alguna vez comercializado en forma masiva, se ha convertido en el veneno por excelencia en la clandestinidad activa—y dejó a las autoridades de vida silvestre lidiando con las consecuencias.
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urante más de 40 años, la naturaleza mortal del carbofurano ha sido su punto de venta. Un comercial de televisión de la década de 1980 presenta a un granjero vestido de franela en una camioneta plana cargada con bolsas de gránulos con los colores de Pepto-Bismol. "Eres un hombre Furadan porque sabes lo que es mejor", dice la tonada. "Ya que ahorra más maÃz porque detiene más plagas". Presentado con la marca registrada estadounidense Furadan en 1967, el carbofurano ofreció a los agricultores la tentadora perspectiva de mayores rendimientos de los cultivos. Como insecticida de amplio espectro, podÃa eliminar los insectos, ácaros y nematodos que plagan los campos de maÃz, soja, alfalfa y papa.
El quÃmico fue un éxito inmediato e inequÃvoco. En una década, las ventas nacionales se habÃan disparado a $100 millones. En 1980, la Food Machinery and Chemical (renombrada más adelante como FMC), que patentó Furadan, presentó el carbofurano en los mercados europeos y asiáticos con el nombre de Marshal. Cuando la patente de FMC expiró seis años después, otras compañÃas comenzaron a fabricar y distribuir carbofurano bajo diferentes nombres comerciales, incluidos Yaltox, Carbodan, Carbosip, Chinufur, Kenofuran y Niagara.
Mientras tanto, las autoridades sabÃan que Furadan mataba no solo a los insectos. Según los cientÃficos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), los estudios realizados en la década de 1990 mostraron que un solo gránulo, el cual se asemeja a un grano de semilla natural en tamaño y forma, podÃa matar a un ave pequeña. De hecho, la EPA informó que el insecticida estaba acabando con uno o dos millones de aves en los Estados Unidos cada año, más que cualquier otro pesticida de uso legal, según los cientÃficos de American Bird Conservancy. La agencia inició una prohibición a nivel nacional de la forma granular de Furadan en 1991. Por otro lado, Furadan lÃquido, considerado menos peligroso para las aves, permaneció en el mercado. Sin embargo, más adelante en 2006, la agencia recomendó restringir todos los usos debido a las graves preocupaciones sobre los riesgos para los ecosistemas, el agua potable y los alimentos, asà como para los trabajadores agrÃcolas que lo manipulaban. Un año después, la EPA anunció que tenÃa la intención de prohibir el Furadan lÃquido y bloquear las importaciones de cualquier producto que contenga residuos de carbofurano.
Al principio, FMC luchó contra la decisión en la corte. Sin embargo, en 2008, la compañÃa retiró Furadan de los mercados estadounidenses y retiró los productos de las tiendas, un paso anunciado como una victoria para el medio ambiente. Algunos observan, no obstante, que FMC puede haber estado simplemente ejecutando una estrategia comúnmente utilizada por las compañÃas quÃmicas. Retirar un pesticida del mercado en forma preventiva crea una deficiencia para poder traerlo de vuelta, cuenta Drew Toher, director de polÃticas y recursos comunitarios de la organización sin fines de lucro Beyond Pesticides. Señala el ejemplo de aldicarb, nombre comercial Temik, considerado por la EPA como una "sustancia extremadamente peligrosa". Ante una probable prohibición, el fabricante de Temik, Bayer CropScience, lo retiró de los mercados estadounidenses en 2010. Seis años más tarde, la EPA, bajo la administración Trump, comenzó a permitir que los agricultores que tienen cultivos como el algodón, la soja y la papa vuelvan a usar el quÃmico bajo un nuevo nombre comercial, AgLogic 15G. "Cuando tenemos una EPA que es más maleable ante los intereses de la industria", dice Toher, "estas medidas a medias se vuelven en nuestra contra".
Aunque Furadan ya no se encuentra en los mercados de EE.UU., FMC continuó fabricando y enviando formulaciones de carbofurano para su venta en otros paÃses, incluido Furadan granular para su uso en campos de arroz en Asia (las leyes de los Estados Unidos no prohÃben a los fabricantes de productos quÃmicos exportar pesticidas prohibidos en el paÃs). Lo hizo hasta diciembre de 2019, cuando 51ÁÔÆæÈë¿Ú contactó a la compañÃa para esta historia. La portavoz de FMC, Emily Parenteau, escribió que, a partir del 1° de enero de 2020, FMC ya no venderÃa productos de carbofurano a nivel mundial. Aun asÃ, sostuvo, el carbofurano no daña a los humanos ni a la vida silvestre si se usa de acuerdo con las instrucciones de la etiqueta.
Los biólogos refutan dicha afirmación. "Este producto es inherentemente tóxico. No hay forma de hacerlo seguro", dice Richards. Y mientras las personas todavÃa tengan acceso al quÃmico, continuarán usándolo para envenenar a la vida silvestre. El alcance del carbofurano es largo y lejano, dice, y las personas que envenenan la vida silvestre pueden ser despiadadas.
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l agente especial Ken Dulik ha sido testigo de tantas intoxicaciones por carbofurano en sus más de 30 años en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos que puede detectar un águila asesinada por el quÃmico. "Cuando empiezan con convulsiones, su cola y sus alas se extienden y su cabeza se arquea sobre su cuello hacia atrás", dice. "Es una muerte rápida y brutal. Una vez que lo has visto, sabes lo que es".
Además de la apariencia reveladora de un ave envenenada, el carbofurano crea lo que a menudo se llama "un cÃrculo de muerte", detectable a millas de distancia. Por ejemplo: Un coyote se alimenta del cadáver envenenado de una vaca, camina 100 yardas de distancia y muere. Luego otro coyote se alimenta de aquel. Debido a que recibió una dosis más baja, podrÃa viajar 400 o 600 yardas antes de sucumbir. Un ave que se alimenta de la segunda vÃctima podrÃa volar media milla. "El cÃrculo de la muerte sigue moviéndose hacia afuera", comenta Dulik. "En un caso, tenÃamos un radio de cuatro millas cuadradas en el que seguÃamos encontrando animales. Cada vez que encuentras un cadáver, tu escena del crimen se hace cada vez más grande. Nunca estoy seguro de que los hayamos encontrado a todos".
En los Estados Unidos, no importa que el carbofurano ya no se venda en tiendas; es común que los agricultores tengan algunos de los quÃmicos prohibidos escondidos. "Mucha gente ha guardado un frasco de los viejos tiempos", dice Dulik. "No existe otro propósito que matar animales". Hacerlo puede conllevar una severa penalización. Las personas que violan las leyes de vida silvestre, como la Ley del Tratado de Aves Migratorias y la Ley de Protección del Ã�guila Calva y el Ã�guila Real, pueden enfrentar serios cargos penales y multas. En casos extremos, incluso pueden ir a la cárcel.
El Ã�guila Calva en la mesa de examen de Kevin Hynes en 2015 habÃa sido descubierta cuatro dÃas antes en un campo de maÃz en la pequeña ciudad de Addison, al sur de Nueva York. Después de recuperar el cadáver, Steven Farrand, un oficial del Departamento de °ä´Ç²Ô²õ±ð°ù±¹²¹³¦¾±Ã³²Ô Ambiental del Estado de Nueva York, se enteró de que un criador de ovejas habÃa informado la pérdida de animales debido a las águilas y supuestamente habÃa hablado sobre dispararles a las aves. El granjero William Wentling vivÃa a unas 200 millas al sur en el condado de Lancaster, Pennsylvania, y le pagaba a un residente local llamado Eli Byler para que revisara periódicamente sus ovejas fuera de Addison. Por su parte, Byler afirmó no saber nada sobre un águila muerta.
Dos semanas después, Farrand recibió una llamada de un hombre que se encontró con dos halcones muertos mientras cazaba coyotes en la granja de Wentling. Farrand recogió las aves, los restos de un Busardo Calzado y un Busardo Colirrojo, además de otra águila, que yacÃan junto a las ovejas muertas y las envió a Hynes. Pronto confirmó que estas también habÃan muerto por ingerir carbofurano.
Con una orden de registro de la propiedad, Farrand encontró otro Busardo Colirrojo junto al montón de ovejas, una botella de plástico y cuatro guantes de látex negros desechados. Todos dieron positivo para carbofurano. Con la evidencia creciente, las autoridades federales de vida silvestre se unieron a la investigación. Otra búsqueda reveló más guantes de látex negros.
Luego realizaron un allanamiento en la propiedad de Byler. "La evidencia irrefutable", dice el agente especial sénior de FWS, Lee Schneckenberger, "era el enorme frasco de carbofurano escondido detrás del inodoro en el granero". Alguien habÃa escrito la palabra "Veneno" y habÃa dibujado una calavera y huesos cruzados en la botella.
Ante este descubrimiento, Byler confesó, pero dijo que simplemente habÃa estado siguiendo las instrucciones de Wentling. Luego acordó llamar a Wentling y permitir a los agentes grabar la llamada telefónica en secreto. "Byler le dijo a Wentling que estaba muy nervioso y que no podÃa seguir mintiendo sobre el veneno", dice Schneckenberger, citando las grabaciones de la cinta. "Wentling respondió: 'No quiero que mientas, pero si dejas salir al gato encerrado, todos vamos a caer'".
En la versión de la historia de Wentling, él era inocente; Byler era el verdadero criminal. "El hombre que cuidaba las ovejas me dijo que las águilas estaban matando a los corderos cuando nacÃan", me contó Wentling por teléfono. "Dije: 'Tenemos que deshacernos de ellas, pero no sé cómo'. TenÃa un insecticida de maÃz en el estante que habÃa comprado hace 8 o 10 años en una venta pública. Vertió ese insecticida sobre las ovejas—yo no sabÃa nada al respecto".
Sin embargo, en junio de 2017, Wentling se declaró culpable de infracciones menores de la Ley de Protección del Ã�guila Calva y el Ã�guila Real. Teniendo en cuenta que no tenÃa antecedentes penales, el juez federal lo condenó a dos años de libertad condicional y una multa de $3,500. Eli Byler y su hijo, que lo ayudaron con el envenenamiento, no fueron procesados a nivel federal; se declararon culpables de cargos reducidos en Nueva York y fueron sentenciados a un año de libertad condicional y una multa de $75.
Desde la perspectiva de Dulik, cada condena es un disuasivo útil para otros posibles envenenadores. EnvÃa un mensaje, dice: "No vale la pena". Por lo tanto, en las zonas rurales, los agentes de vida silvestre continúan realizando un seguimiento metódico de los granjeros y rancheros deshonestos que usan el quÃmico para proteger su ganado. Mientras tanto, en el norte de California, las autoridades se enfrentan a un problema aún más irresoluble: los cultivadores ilegales de marihuana con rifles semiautomáticos que operan en el desierto remoto.
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n el Triángulo Esmeralda de California, el epicentro del cultivo de marihuana de tres condados en los Estados Unidos, se estima que 50,000 granjas legales trabajan para satisfacer la demanda comercial de cannabis, ahora permitido para uso recreativo en 11 estados y con fines médicos en 33. En tierras públicas cercanas, los carteles de droga operan cientos de miles de parcelas más que abastecen un mercado negro. Solo en 2019, las autoridades de California destruyeron más de 950,000 plantas de marihuana en 345 sitios ilegales. Denominados "cultivos de intrusión", tales sitios son a menudo difÃciles de encontrar porque están ocultos dentro de bosques viejos y frondosos, hogar de Cárabos Californianos, pumas, osos y de unos carnÃvoros del tamaño de un gato doméstico llamados Martas Pescadoras
Una marta pescadora proporcionó la primera pista sobre la medida en que el carbofurano y otros pesticidas están dañando el ecosistema en el norte de California, donde la población de animales puede haber disminuido a varios cientos de individuos. En 2009, Gabriel, del Centro de Investigación de EcologÃa Integral, realizó una autopsia de una marta pescadora de aspecto aparentemente saludable cuya cavidad corporal estaba llena de sangre por hemorragia interna. Causa de la muerte: rodenticida anticoagulante, más comúnmente conocido como veneno para ratas.
Desconcertado sobre dónde podrÃa haber encontrado el animal veneno para ratas tan lejos del desarrollo humano, Gabriel reexaminó 58 cadáveres que habÃa recuperado en los últimos tres años. Más del 80% contenÃa al menos un tipo de rodenticida. Cuando informó este resultado en una conferencia sobre vida salvaje en 2010, un par de autoridades de conservación se acercaron con una posible idea: con frecuencia encontraban varios quÃmicos en sus incursiones en sitios ilegales de cultivo de marihuana.
Queriendo ver los sitios por sà mismo, Gabriel acompañó a un oficial armado y otros dos investigadores a un lugar conocido como Mill Creek en la Reserva de Hoopa Valley. Recorriendo el camino sinuoso a lo largo de las orillas de un arroyo de salmón, en lo profundo de un desfiladero donde Gabriel habÃa estado una vez colocando radio-collares a zorros grises, se toparon con una parcela de bosque desnudo donde alguna vez hubo robles de 130 años. Los productores habÃan talado los árboles y plantado miles de plantas de marihuana hasta el borde del arroyo. Ahora que la policÃa habÃa confiscado la marihuana, todo lo que quedaba era tierra estéril llena de lÃneas de riego y basura. El grupo encontró comida, sacos de dormir, tiendas de acampar, rociadores, pozos de basura y depósitos de sustancias tóxicas—incluido veneno para ratas y una botella de carbofurano.
"Era una preparación mortal", comenta Gabriel. "Pensamos: 'Wow, esto no es una pequeña incursión', como las que veÃamos en el pasado cuando un chico caminaba por el sendero, regaba sus plantas y se iba. HabÃa personas viviendo aquà abajo. Luego caminamos por otro sendero y encontramos otra parcela, y otra. Ni siquiera cubrimos la mitad de todo aquel dÃa. Existen cientos de estos sitios".
Para documentar el problema, Gabriel y sus colegas ahora trabajan codo a codo con las autoridades mientras allanan parcelas vigiladas por productores armados. Los cientÃficos se visten de camuflaje y usan pintura facial; Gabriel lleva una pistola. "Esto no es para fanfarronear", dice. "Queremos irnos a casa al final del dÃa".
A menudo, los equipos se encuentran con botellas de Gatorade llenas de carbofurano y latas de atún rellenas de carne contaminada con carbofurano. Las etiquetas en las jarras de productos quÃmicos con frecuencia están en español, lo que indica que fueron contrabandeadas desde México. Gabriel cuestiona a los productores en el sitio, después de que han sido arrestados, y algunos han admitido usar carbofurano para evitar que los animales arrasen sus campamentos porque, dicen, funcionó muy bien para deshacerse de los jaguares que se aprovechan del ganado en México.
El audaz trabajo de campo de los cientÃficos está dando sus frutos, aunque solo sea para documentar un problema cada vez más grave. En 2013 descubrieron carbofurano en el 20% de los sitios allanados. Solo seis años después, se ha encontrado en más del 80% de ellos. Gabriel sospecha que los productores están usando carbofurano cada vez más; no solo por su potencia contra los animales, sino también contra la policÃa: los medios de comunicación informaron que los agentes expuestos a la sustancia quÃmica fueron hospitalizados con náuseas, visión borrosa y migrañas.
El sargento del sheriff Nathan Trujillo, miembro de la Unidad de Delitos del Condado de Trinity que ha estado trabajando con el equipo de Gabriel durante aproximadamente siete años, ha tenido algunos encuentros cercanos en las redadas. En 2015, por ejemplo, él y su perro Johnny iban a un área donde un ingeniero forestal habÃa informado un sitio de cultivo ilegal. "SeguÃamos viendo latas de atún rosa a lo largo del camino", cuenta. "En el campamento, encontramos una botella de carbofurano, abierta y vacÃa". Después de caminar sobre un poco de agua, Johnny comenzó a convulsionar, echar espuma por la boca y vomitar. Trujillo llevó al perro de inmediato al veterinario. "No sé cómo lo salvaron, pero lo hicieron", dice. "SolÃa preocuparme por si me disparaban o si me rompÃa una pierna en un cañón. Ahora tienes que preocuparte por esta arma casi invisible que tienen estos tipos".
A medida que la oleada de pesticidas en los bosques estatales continúa su curso a través del ecosistema, de los suministros de agua e incluso de la marihuana fumada por los consumidores, las agencias gubernamentales y la organización de Gabriel están trabajando para mitigar la contaminación. Sin embargo, los recursos son limitados y el proceso es lento en las áreas más inhóspitas, que a menudo requieren acceso en helicóptero. De los 1,000 sitios descubiertos hasta ahora, Gabriel y su equipo han limpiado menos de 200.
"Se necesitará un colectivo de cientÃficos y muchos más fondos y logÃstica para abordar esto", sostiene Gabriel. "No podemos dejar estos sitios con productos quÃmicos en botellas de plástico. Si esa botella se abre dentro de 20 años, boom, tienes otra oleada de contaminación".
En el momento de la publicación, según los informes, el gobierno mexicano estaba planeando prohibir las importaciones de carbofurano, lo que puede ayudar a detener la expansión del daño del quÃmico en los bosques de California, dice Gabriel. Si lo hace, se unirÃa a los 63 paÃses (de los 150 que presentan dicha información) que ya han dado ese paso. Mientras tanto, docenas de compañÃas continúan fabricando y vendiendo carbofurano en todo el mundo—incluidas algunas como FMC, que dejó de exportar este año, con sede en paÃses donde el pesticida ya no se puede usar en forma legal.
La ciencia no justifica su venta en absoluto. Desde Ã�frica y Asia hasta Europa y América del Norte y del Sur, un colectivo mundial de biólogos que documentan los animales asesinados por el carbofurano dicen que la única condición bajo la cual puede usarse de manera segura, de acuerdo con las instrucciones de la etiqueta, es "si un área está completamente desprovista de vida silvestre". Como ilustra cada envenenamiento sucesivo, el carbofurano puede ayudar a crear esta circunstancia. Incluso décadas después de que las autoridades ambientales descubrieran que el pesticida pone en peligro a las personas y a las aves, el legado tóxico del carbofurano y su cÃrculo de muerte siguen creciendo.
Esta historia se publicó originalmente en la edición de primavera 2020 como "Death Spiral". Para recibir la revista impresa, hágase miembro hoy mismo .