La persecución comienza cuando el campo de arroz todavÃa parece un caleidoscopio de charcos plateados bajo un cielo perfectamente negro. AquÃ, en JamundÃ, los campos de caña y los arrozales se extienden hasta el horizonte, interrumpidos de vez en cuando por parches aislados de bambú, palmeras y ceibas. Santiago Muñoz Bolaños y Juan David GarcÃa Uribe, biólogos de la Universidad Icesi, ubicada cerca de la ciudad de Cali, se ponen botas de goma, cubren su rostro con cuellos de tela para protegerse de los insectos y caminan hacia las salpicaduras plateadas junto con cuatro colegas.
Caminan a zancadas por los diques llenos de barro, guiados por la luz roja —que atrae menos mosquitos— de las linternas en sus cabezas. Solo se detienen al llegar al lugar de la captura. Entonces, cuando la oscuridad cede ante la luz del dÃa, despliegan las redes de niebla. Para no asustar a sus presas, se retiran rápidamente a su puesto de trabajo: dos sillas y una mesa de plástico bajo una pequeña carpa, que a duras penas los protege de una llovizna que empapa los graznidos de los ibis, de las cigüeñuelas de cuello negro y los gallos. Y entonces, esperan. Cada veinte minutos, se turnan para cruzar los diques hasta las redes, con la esperanza de encontrarlo, enredado en la red: un Tringa flavipes, también conocido como patiamarillo chico.
Estas delgadas aves costeras migran desde las zonas donde anidan en los bosques boreales de Canadá y Alaska hasta sus zonas de descanso en pantanos y humedales que se extienden desde el sur de Estados Unidos hasta la Patagonia. Estas aves migratorias capaces de recorridos extremadamente largos, se encuentran en un potencial punto de inflexión tras haber perdido más del 60 % de su población en los últimos 50 años. En la última década, el descenso se ha precipitado debido, en gran medida, a que sus hábitats de reposo se han ido transformando en tierras agrÃcolas.
Cada año desde 2022, investigadores de 51ÁÔÆæÈë¿Ú se han asociado con cientÃficos locales para capturar estas aves esquivas en los campos de arroz del biodiverso Valle del Cauca. Lo hacen con la esperanza de determinar si estas áreas cultivadas pueden servir como sustituto de los humedales que han ido desapareciendo en la región. Durante los primeros años del proyecto, el equipo instaló transmisores de radio en 25 patiamarillos chicos y levantó siete torres con antenas que detectaban el paso de las aves marcadas. Ahora, están utilizando tecnologÃa más avanzada para obtener datos más precisos sobre el recorrido del patiamarillo.
El pasado mes de noviembre, por primera vez, equiparon a las aves con localizadores GPS que transmiten su ubicación en tiempo real desde cualquier lugar. Estos datos detallados podrÃan ayudar a despejar misterios sobre las rutas migratorias de las aves, como si cruzan el océano en un solo vuelo largo o si hacen escala en las islas que encuentran a lo largo del trayecto. Estos dispositivos también pueden aportar información crucial para la conservación en el Valle del Cauca, pues permiten entender si los patiamarillos chicos regresan a los mismos lugares cada invierno o qué tanto dependen de los arrozales, afirma Gloria Lentijo, directora de agricultura regenerativa de 51ÁÔÆæÈë¿Ú para América Latina y el Caribe. Saber adónde van los patiamarillos es clave para garantizar su supervivencia. Pero obtener esos datos no ha sido una tarea fácil.
Aprender a esperar
Para marcar a un ave, lo primero que hay que hacer es atraparla. Y los patiamarillos chichos no lo ponen nada fácil. “Nos hemos inventado un montón de estrategiasâ€�, dice GarcÃa.
Con la mayorÃa de las especies diurnas, los investigadores instalan redes de niebla en una zona por la que saben que las aves pasarán durante las primeras horas de la mañana. Pero los patiamarillos chicos, con su visión aguda, lograban esquivar fácilmente las redes de niebla que los esperaban al borde de los arrozales. Los investigadores intentaron cambiar el número y la posición de las redes, sin éxito. Entonces, pasaron a instalarlas en plena noche, pero solo capturaron murciélagos. Pasaron semanas cosiendo a mano hilos de nailon a 40 tableros de poliestireno para crear trampas de alfombra que no atraparon ni a una sola.
Su plan más desesperado se puso en marcha en 2023, cuando llevaban meses sin capturar ni un solo pájaro. HabÃan visto a una gran bandada alimentándose en un campo de arroz, pero no lograban que se acercaran a las redes. Por lo que idearon una elaborada emboscada: al anochecer, dos personas se arrastrarÃan, al estilo militar, hacia las aves, atravesarÃan un dormidero de buitres cubierto de excrementos para asustarlas. Al tiempo, otras dos personas debÃan acercarse desde la dirección opuesta con las redes.
“Un gran plan en el papel. Dijimos: ‘La rompimos, vamos a patentar esto’â€�, bromea GarcÃa. Las aves salieron volando tal y como lo habÃan previsto, se dirigieron directamente hacia la red y, cuando estaban a un metro de distancia, se desviaron. “Y allá estábamos, con la luz del carro, porque ya eran como las 7 de la noche, a oscuras, en boxer, bañándonos en ese canal, quitándonos el el pantano. Ese dÃa fue que descubrimos las sanguijuelasâ€�, cuenta GarcÃa. Terminaron la segunda temporada sin haber capturado nada.
Frustrados, buscaron ayuda externa. Los campesinos les dijeron que el mejor momento para visitar la zona era después de la cosecha, cuando los tractores remueven la tierra húmeda y la dejan reposar. Por su parte, sus colegas de 51ÁÔÆæÈë¿Ú California les enseñaron a centrarse en las mañanas y les dieron señuelos, que GarcÃa y Muñoz pintaron a mano para que se parezcan a los patiamarillos y ahora clavan en el barro cerca de la red. Durante su última temporada, una colega les dijo que la grabación que habÃan estado reproduciendo por los altavoces era una llamada de alarma, por lo que el grupo la sustituyó por otra que atrajera mejor a las aves.
Aunque todavÃa no hay garantÃa de que siempre vayan a capturar patiamarillos, últimamente tienen mucho más éxito. Hacia las siete de la mañana en este dÃa de noviembre, el estudiante universitario Esteban Ramos, de visita desde la Universidad Surcolombiana, regresa de las redes con una bolsa de tela color vino que se retuerce entre sus manos: es el primer patiamarillo chico de la jornada. El puesto de trabajo improvisado se convierte en una máquina bien aceitada de anillamiento.
River Gates, coordinadora de la iniciativa de conservación de aves costeras del PacÃfico de 51ÁÔÆæÈë¿Ú (y quien les dio la pista sobre el grito de alarma), pesa al patiamarillo: 63 gramos, o 2,2 onzas. “¿Cómo te vamos a poner? Marranita no, porque no tienes nada de grasaâ€�, dice GarcÃa, refiriéndose a un platillo tradicional a base de plátanos fritos y carne de cerdo. Muñoz mide varias partes del cuerpo —pico, cabeza, tarso, envergadura— mientras GarcÃa lo anota todo. “Como es tan difÃcil capturar cada ave, recopilamos toda la información en el menor tiempo posible, aunque no la vayamos a utilizarâ€�, dice Muñoz. El equipo coloca un rastreador GPS en el dorso de la ave, desliza dos bandas negras y amarillas en una pata para indicar el paÃs de marcado y coloca un anillo plateado, grabado con un identificador único, en la otra pata. Entonces, liberan al ave.
Durante la salida de campo, el equipo les puso localizadores GPS a cinco aves. Los resultados obtenidos hasta ahora ya han cambiado las hipótesis del equipo sobre cómo las aves utilizan el valle. “Cuando yo vi en los primeros tracks de estos tags con GPS en el Valle del Cauca, para mà fue como si se me iluminara un bombilloâ€�, afirmó Jorge Velásquez, director cientÃfico de 51ÁÔÆæÈë¿Ú para América Latina y el Caribe. HabÃan supuesto que los patiamarillos se concentrarÃan en el rÃo Cauca y sus humedales naturales. Sin embargo, al trazar los datos de localización, descubrieron que los arrozales de Jamundà eran, en realidad, donde se registraba la mayor actividad. “Eso, para mÃ, fue una revelaciónâ€�, afirma Velásquez.
Un paisaje que cambia
La información llega en un momento crÃtico. A pesar de que solo ocupa el 2 % del territorio nacional, el Valle del Cauca alberga cientos de las casi 2000 especies de aves registradas en Colombia. Pero desde la década de 1970, la región ha perdido el 80 % de sus humedales y bosques naturales, principalmente debido a la expansión del cultivo de caña de azúcar, la ganaderÃa y la urbanización, lo que ha provocado la extinción local de al menos 18 especies de aves acuáticas en el siglo XX. “Este paisaje está sumamente amenazadoâ€�, afirma Lentijo.
Muñoz y GarcÃa han visto el cambio suceder frente a sus ojos. Desde que comenzó el proyecto, han marcado aves en una docena de fincas arroceras. Al menos uno de esos terrenos es ahora un complejo de apartamentos, y otro se ha pasado del cultivo de arroz al de caña de azúcar, que requiere menos mano de obra y, por lo tanto, resulta más rentable para los propietarios y los agricultores. “El ciclo natural del ecosistema aquà es: humedales a cultivos de arroz, a cultivos de caña, a casasâ€�, comenta GarcÃa, medio en chiste.
Para enfrentar estas amenazas, hace cuatro años 51ÁÔÆæÈë¿Ú lanzó aquà su primer programa de tierras de cultivo en América Latina. Busca promover prácticas de cultivo respetuosas con las aves, como la restauración de hábitats y el silvopastoreo, en más de 350.000 hectáreas del Valle del Cauca, con el fin de proteger a las especies migratorias y locales. “Queremos usar el Valle del Cauca como nuestro laboratorio para probar enfoquesâ€�, afirma Lentijo.
Como parte de esta iniciativa, 51ÁÔÆæÈë¿Ú, la organización conservacionista Calidris, la Universidad Icesi y la Arrocera La Esmeralda-Arroz Blanquita —que ya habÃa puesto en marcha un programa piloto de rotación de cultivos de caña y arroz— se asociaron para estudiar el potencial de este enfoque para la conservación de las aves acuáticas.
Tras seis o siete cosechas, el rendimiento de la caña de azúcar disminuye drásticamente, por lo que los agricultores deben arrancar las plantas y volver a empezar. Ahà es donde entra Blanquita, que propone plantar arroz durante uno o dos ciclos, creando humedales temporales que las aves pueden utilizar como lugar de parada o refugio en el invierno. La inundación de los campos también elimina posibles plagas y permite que el suelo descanse, mientras que los cultivos de arroz, de rápido crecimiento, ofrecen a los productores una inyección rápida de dinero. Los estudios piloto han demostrado que este modelo puede aumentar la productividad agrÃcola en al menos un 20 %.
Hasta ahora, las explotaciones agrÃcolas han inscrito más de mil hectáreas en el programa piloto de rotación de cultivos, pero no todos los agricultores participan cada año. Si los precios de la caña de azúcar son altos, hay menos productores inscritos, explica Lentijo. Aumentar el número de fincas participantes también ha sido un proceso lento, pues la industria de la caña de azúcar está muy mecanizada y reacia al riesgo. “Les gusta tomar decisiones basadas en datos cientÃficosâ€�, afirma Lentijo.
Sin embargo, la iniciativa está cogiendo fuerza. 51ÁÔÆæÈë¿Ú, Calidris y Cenicaña, el centro de investigación de la industria azucarera, han colaborado en la elaboración de un manual de prácticas que ofrece recomendaciones a los productores de caña de azúcar para proteger a las aves. Su objetivo es crear “fincas de demostraciónâ€� en las que los agricultores pongan en práctica las prácticas amigables con las aves recogidas en el manual, con el fin de compartir conocimientos y estudiar sus efectos.
Mientras, los datos del proyecto de monitoreo del patiamarillo chico también informan el trabajo con tomadores de decisiones del equipo. “Ahora contamos con datos mucho más convincentes para llamar a la puerta de los agricultores y decirles: ‘Oigan, estos lugares son importantes para las aves; trabajemos juntos’�, afirma Velásquez. La protección de estas zonas de descanso ofrece a las aves una mejor oportunidad de prosperar, no solo en este valle, sino en todo el hemisferio, pues elimina uno de los muchos obstáculos a los que la especie se enfrenta durante su migración.
Hace aproximadamente un año, Muñoz se hizo un tatuaje de un patiamarillo chico en el brazo derecho. Si estas aves le han enseñado algo, dice Muñoz, es la capacidad de seguir encontrando el camino a través de un paisaje que cambia constantemente bajo tus pies. “Empezamos a ver los problemas como una oportunidad de mejora�, afirmó. “Solo hay que tratar de encontrar la solución�.
Esta historia se publicó originalmente en la edición de verano de 2026. Para recibir la revista impresa, hágase miembro hoy mismo .