El ave más amenazada de América del Norte no es exactamente parte de la "megafauna carismática". No es un animal grande y seductor, no es del tipo de los que se verÃan en la bandera de un estado. Es un ave pequeña que vive en una zona del centro de la Florida conocida como pradera seca, que parece enorme cuando uno se encuentra allà pero en la actualidad abarca algo asà como la décima parte de su extensión histórica. La pradera seca también es el hogar de zorrillos, serpientes y hormigas rojas. Y a veces, también de las vacas. Y de una cantidad (que no se conoce con exactitud pero probablemente está aumentando) de bacterias resistentes a antibióticos, asà como de parásitos y otros patógenos. Todos ellos son nocivos para el gorrión chapulÃn de Florida. Y cuando mides unos pocos centÃmetros, tu esperanza de vida es de quizá unos cuatro años, le sirves como alimento a todos los integrantes de la cadena alimentaria y todo el mundo quiere devorarte, estás graves problemas.
Esto explica por qué en enero de 2014 una docena de miembros del Grupo de Trabajo sobre el Gorrión ChapulÃn de Florida se reunieron para determinar si serÃa posible, en qué circunstancias y de qué modo especÃfico se podrÃa dar inicio a un programa de reproducción en cautiverio para la que generalmente fue (y es) reconocida como el ave más amenazada del continente. Los biólogos, administradores de tierras, conservacionistas e investigadores de (Estación Biológica de Florida) ubicada en Venus, Florida, fueron justamente los que se dedicaron de manera heroica, y continuarÃan dedicándose, a hacer todo lo posible para salvar al gorrión en el entorno silvestre. Pero ahora, números que no cesaban de bajar los estaban forzando a considerar la posibilidad de actuar de manera más urgente.
Dejemos en claro lo siguiente: Al intento de salvar a un ave de la extinción capturando una cantidad pequeña pero significativa de los últimos ejemplares salvajes y sanos que quedan y poniéndolos en un lugar que, independientemente de lo espacioso que sea y lo bien adornado con la vegetación apropiada que esté, es una prisión, se asocia una sensación inevitable de que algo está mal, una sensación que hace que a uno se le revuelva el estómago. Es una especie de "Decisión de Sophie" que hace que todos los biólogos y amantes de la vida silvestre se sientan destrozados. Como dijo un participante durante un taller en el que trabajó por dos semanas: "Antes que ver a esta especie en una jaula, prefiero que se extinga".
Pero otras personas presentes en la sala no estaban dispuestas a adoptar esa posición absolutista. ¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ de todo, los miembros del grupo de trabajo eran sumamente conscientes (y en algunos casos habÃan sido testigos en persona) de la extinción anterior más reciente de un ave de América del Norte hace 30 años, cuando el desapareció del paisaje aquà mismo, en Florida. En ese caso, cuando se tomó la decisión de utilizar el último recurso (traer algunos gorriones para hacer que se reprodujeran en cautiverio), el último recurso ya no estaba: Los únicos gorriones sabaneros marinos que se encontraron fueron cinco machos que no tenÃan con quien aparearse, por lo que el gorrión sabanero marino pronto dejó de existir. El Grupo de Trabajo sobre el Gorrión ChapulÃn de Florida estaba decidido a no cometer el mismo error.
"Todas estas son aves salvajes y queremos que sigan siéndolo en su ambiente natural", afirma Reed Bowman, director de ecologÃa aviar en Archbold y presente en el taller de 2014. "Hay una gran incertidumbre [en cuanto a la reproducción en cautiverio]. Pero algo que puedo asegurar es que si se extinguen en su entorno silvestre y no se implementa un programa de reproducción en cautiverio, se extinguirán definitivamente".
Fue asà que, a contrarreloj, el grupo tomó una decisión que no fue nada fácil. El informe oficial de un taller capturó bien la dolorosa ambivalencia, citando a un miembro que planteó el dilema del siguiente modo: "Si ahora tomamos el rumbo incorrecto... ¿podremos vivir sabiendo que el cautiverio causó la extinción? O... ¿podemos vivir con el pensamiento de que el cautiverio podrÃa haber salvado a la especie si lo hubiéramos probado?" El informe continuaba asÃ: "En realidad, teniendo en cuenta las proyecciones de las poblaciones construidas por los panelistas, parece ser que las opciones [del grupo de trabajo] se asocian a probabilidades muy similares de fracasar y tener éxito. Para el grupo será gratificante optar por la opción que tenga éxito y, en caso de fallar, nunca saber si hubiera sido posible tener éxito al optar por dicha opción".
La opción por la que optaron fue la de proceder con la reproducción en cautiverio de manera cautelosa. Y de hecho durante las estaciones de reproducción posteriores, se tomaron medidas con mucho cuidado. La mayorÃa de las recolecciones se realizaron como rescates, mayormente en nidos que corrÃan el riesgo de inundarse, y asà se establecieron dos colonias de reproducción en cautiverio. Pero esos especÃmenes eran más que nada huevos y polluelos. Las aves adultas raramente necesitaban asegurarse de que la reproducción fuera exitosa y enseñarles a sus descendientes cómo comportarse en el entorno silvestre. A medida que se acercaba la temporada de reproducción de este año, una vez más no estaba claro si el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (USFWS) traerÃa los gorriones necesarios para alimentar el programa de reproducción de manera adecuada. Pero después llegó el primer conteo de aves salvajes de la temporada, y los resultados fueron pésimos. Y finalmente a todo el mundo le quedó claro que no se podÃa seguir diciendo que la reproducción en cautiverio iba a "causar" la extinción de la especie en lugar de prevenirla.
"Los pronósticos indican una extinción inminente del gorrión chapulÃn de Florida en el entorno silvestre. Ocurrirá en uno o dos años", explica Paul Reillo, fundador y presidente de la (RSCF), cuyo parque jurásico a unas 15 millas al oeste de la Casa Blanca de invierno del actual presidente de los Estados Unidos es el hogar de varias decenas de antÃlopes bongo de montaña, más de 80 amazonas de frente roja en peligro de extinción, y uno de los dos proyectos de reproducción de gorriones en cautiverio que se encuentran en marcha en la actualidad. "Esta puede ser la última oportunidad de construir una plataforma para el futuro. Esta temporada nos aferraremos a lo que sea que haya quedado sobre la mesa. DeberÃamos salvar a todo lo que tenga una posibilidad de seguir con vida, porque este es el último suspiro de esta especie".
El coordinador de ciencias de 51ÁÔÆæÈë¿Ú Florida Paul Gray ha estado trabajando en el gorrión chapulÃn de Florida desde hace 22 años, cuando asumió el rol que incluÃa manejar un santuario de 7.000 acres en la pradera seca que habÃa comprado en 1980. Dos años después de su llegada, y después de una campaña liderada por 51ÁÔÆæÈë¿Ú, el estado compró un rancho adyacente de 48.000 acres y estableció allà el (Parque Estatal de Preservación de la Pradera de Kissimmee). (51ÁÔÆæÈë¿Ú le vendió el santuario al estado en 2001 para que se añadiera al parque). "Cuando el estado compró el área de preservación, habÃa cientos de gorriones allÃ", dice Gray. "Y también habÃa otras tres subpoblaciones en tres sitios de conservación diferentes. ‘Genial, ¡hemos salvado al gorrión chapulÃn! Tendrá lugares suficientes para vivir en el futuro’, pensé".
¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ la subpoblación del gorrión chapulÃn de Florida cayó de manera estrepitosa en uno de los otros sitios, el Campo de la Fuerza Aérea de Avon Park, justo del otro lado del RÃo Kissimmee al oeste del parque, donde aparentemente la población pasó de unos 130 machos cantores en 1999 a solo 13 en 2003. "La cantidad de reuniones y debates era interminable y no podÃamos entender qué habÃa sucedido", cuenta Gray. "Y con el paso de los años la población de la pradera de Kissimmee simplemente disminuyó y disminuyó".
Al dÃa de hoy, en la práctica el gorrión chapulÃn de Florida ha sido extirpado de la pradera de Kissimmee. Este año no se encontró ni una sola pareja reproductora. En Avon Park la subpoblación más pequeña de algún modo resiste, con cinco machos este año (dos de los cuales no formaron parejas reproductoras). Un rancho privado (el cual el USFWS solicita que quede en el anonimato) alberga a una población igual de diminuta. Los técnicos de campo que controlan el lugar contaron cinco parejas este verano, más una docena de machos sin pareja. Esto solo deja a la Three Lakes Wildlife Management Area (Ã�rea de Gestión de la Vida Silvestre de Three Lakes), un hábitat prÃstino de 63,487 acres manejado de manera intensiva y hermosa por la Comisión para la °ä´Ç²Ô²õ±ð°ù±¹²¹³¦¾±Ã³²Ô de la Pesca y la Vida Silvestre de Florida (FWC, por sus siglas en inglés) en nombre de los gorriones. Pero Three Lakes también se está vaciando: Al parecer esta temporada no habrá sido el hogar de más de 16 parejas de gorriones.
El tipo de descenso en la población descrito por Gray no se condice con el modo en el que suelen darse las cosas en el mundo natural, por lo menos en los casos en los que no hay una causa calamitosa obvia. La situación se vuelve aún más confusa al considerar que los gorriones sabaneros pechileonados de Florida no tienen ningún problema para reproducirse. De hecho, tienen crÃas en grandes cantidades. De vez en cuando, construyen su primer nido de la temporada; por ejemplo, a mediados de abril, en un esfuerzo por ganarle a la lluvia en algún momento de agosto. Una sola pareja reproductora puede producir hasta cinco nidadas de huevos con entre tres y cinco huevos por nidada. Eso representarÃa 25 crÃas por año. Para que la población aumente, solo tres de ellos (el 12 por ciento) tienen que ser incubados, eclosionar, emplumar y sobrevivir al invierno. Aun asÃ, la población continúa disminuyendo de manera inexorable.
Con los años, y recientemente con la creciente urgencia e ingenuidad, los biólogos de campo del USFWS y sus compañeros administradores de tierras han respondido a la distribución confusa y los peligros climáticos y asociados a depredadores que enfrentan los gorriones, y lo han hecho mediante el desarrollo de una gran cantidad de intervenciones que generan el mismo nivel de confusión. Esto incluye, entre otras cosas, transformar cada nuevo nido descubierto en un pequeño recinto cercado en la pradera.
El estado de alerta constante, combinado con casos demasiado frecuentes de nidos que fracasan, puede generar angustia y agotamiento. Basta con escuchar describir la temporada de reproducción de 2016 a Sandra Sneckenberger, bióloga del USFWS encargada de la recuperación y que ha estado involucrada en el trabajo con gorriones chapulines de Florida de la oficina de servicios de Vero Beach desde 2008: "El año pasado las aves comenzaron a nidificar y hubo un gran diluvio que hizo que se perdiera todo. Desaparecieron casi todas las primeras nidadas de las aves. Inmediatamente comenzaron todo el proceso otra vez, construyendo nuevos nidos y poniendo huevos. Segunda tormenta: todo destruido. El año pasado eso pasó tres veces. ¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ de la primera vez, pusimos pozos de control para saber en qué parte del territorio se encontraba el nivel freático. Levantamos nidos, descubrimos un modo de utilizar palas y un poco de tierra para elevar los nidos sin que las aves notaran que habÃamos intervenido. Todo el mundo tenÃa una incubadora portátil para los huevos. Una vez estaba recogiendo huevos con el equipo mientras caÃan rayos en todo el terreno a nuestro alrededor. En el rancho instalábamos cercos para evitar el paso de mamÃferos predadores y serpientes, y un cerco eléctrico alrededor de esa estructura por las vacas. De todas formas—con todo eso incluido—, apenas los huevos eclosionan y hay un cuerpito carnoso, las hormigas de fuego lo devoran. De los 20 nidos que estaban en el rancho el año pasado, solo un nido sobrevivió. Uno de cada dos cayó en las garras de un depredador cuando todavÃa habÃa huevos o después de la eclosión, cuando las hormigas atacaron a los polluelos. Cuando uno hace todo ese esfuerzo y ve esa carnicerÃa todo el tiempo, le afecta. Mi dentista sabe que es temporada de gorriones porque me sangran mucho las encÃas porque estoy demasiado estresada. Uno siempre está de guardia y trabaja y se esfuerza demasiado, y no puede evitar afeccionarse a esas aves. Las aves están haciendo todo lo posible para lograr su objetivo. Las aves no se rinden".
Paul Reillo es alto y nervudo, es todo ángulos y codos. Se mueve por el recinto de Rare Species dando zancadas y pasando de una tarea urgente a la siguiente, harapiento y con la camiseta de Rare Species Conservatory Foundation bailándole en el cuerpo y colgando de sus hombros con forma de percha. (Es difÃcil saber si en el armario tiene solo una camiseta de RSCF que usa todos los dÃas o varios clones, cada uno con una pizca de suciedad y sudor). Hoy es 27 de junio, plena temporada de reproducción, y Reillo finalmente está comenzando el proceso de construcción de recintos para gorriones.
Si uno planea traer aves salvajes y en grave peligro de extinción, necesita tener recintos especiales que sean lo suficientemente grandes como para darles la sensación de que se encuentran en el ámbito silvestre y tienen espacio suficiente para forrajear. El sitio debe estar situado en el exterior con fines de aclimatación, pero a la vez protegido de incursiones de serpientes predadoras e insectos transmisores de patógenos. También debe contar con una cobertura que se parezca a un pastizal en el suelo, de manera tal que los polluelos se sientan en casa. Además, no pueden costar demasiado. Y por supuesto ahora que el tiempo se está agotando, deben ser lo suficientemente sencillos como para que se puedan construir cuando no hay demasiado tiempo disponible.
El esquema simple que ha diseñado Reillo es un marco de 6 x 6 x 12 pies con un suelo colocado con una pistola grapadora de malla metálica de un cuarto de pulgada galvanizada y otros cinco lados envueltos en una superpantalla elástica que (mientras uno cuente con los accesorios correctos) garantiza poder alejar a los bichos que uno desee mantener alejados. Tome tres de esos marcos y colóquelos en los ángulos correctos en la hierba detrás de los espacios de cocheras abiertos en los que se hacen estas cosas, coloque una puerta de pantalla de acero prefabricado en cada uno y conecte los tres marcos mediante un vestÃbulo que funciona como una cámara contra escapes y contacto innecesario con humanos, se colocan alfombras que den idea de presencia de tierra y vegetación en los recintos y ¡eureka! Habrá creado un receptáculo en el que los gorriones podrán reunirse/recolectarse/reproducirse. Haga que dos de ellos alberguen las seis unidades familiares que se planeaba llevar allà (si el clima y los depredadores lo permiten), y haga todo esto con un equipo compuesto por personas impredecibles o solitarias, artistas locales, un periodista y un par de técnicos de campo de la pradera de Kissimmee, que de todas formas en realidad no tienen ningún gorrión que cuidar. Haga que cada una de estas personas aparezca en el lugar cuando pueda hacerse un momento.
Mientras tanto, el trabajo de reproducción increÃblemente concentrado y repetitivo debÃa continuar. Cuando conocà a Reillo por primera vez, después de que él y su esposa Karen me hubieran recibido en su casa en el recinto de Rare Species, me llevó a una habitación contigua pequeña (en una casa más normal, hubiera sido una oficina) donde dos veces al dÃa tenÃa que realizar una tarea importante. Abrió una de las dos incubadoras que se encontraban en el clóset que abarcaba una pared y procedió a girar en forma manual alrededor de una docena de huevos del tamaño de una gomita o jelly bean que parecÃan tan frágiles que bien podrÃan estar hechos de azúcar. Reillo explicó que estos eran huevos del "dÃa uno": huevos que se habÃan llevado a este simulacro mecánico de nido, con sus rodillos mecánicos que rotan los huevos a intervalos precisos pero quizás más que regulares y una temperatura que se puede calibrar a centésimos de grados Celsius. Todo eso a las pocas horas de existencia de los huevos, antes de que pudieran beneficiarse al menos por un dÃa del conocimiento mucho más matizado de una madre gorrión que se sentara, empollara y creara condiciones de incubación óptimas en un nido real.
Reillo y sus colegas habÃan refinado los protocolos de incubación a un punto tal que: Si se les daba un huevo que habÃa estado en un nido bajo un gorrión hembra durante tres dÃas, lo podÃan hacer pasar por el resto del perÃodo de incubación de 11 dÃas y hacer que eclosionara con éxito casi siempre. Pero aún tenÃan que hacer eclosionar un huevo de un dÃa. De manera obsesiva, Reillo habÃa estado modificando los muchos factores que podÃa controlar—temperatura, rotación, circulación del aire, humedad—e intentando darse cuenta de qué se necesitaba, cuál podrÃa llegar a ser el conjunto de condiciones mágicas que hicieran que el recinto fuera similar a un nido y ayudara a hacer que los embriones del gorrión crecieran y se desarrollaran en lugar de asesinarlos. Pero hasta ese entonces no habÃa tenido éxito.
La razón por la que en esta instancia en particular es necesario tener estos tropiezos enloquecedores antes de poder replicar los métodos utilizados en la naturaleza es el hecho de que estos huevos eran de ejemplares de la temporada pasada criados de manera artificial. No eran crÃas de las parejas reproductoras experimentadas y realmente salvajes que representaban a las mejores fundadoras de una colonia de reproducción en cautiverio. (Las madres primerizas sin conocimientos habÃan puesto los huevos, los habÃan dejado fuera del nido y nunca más habÃan vuelto a ocuparse de ellos). Pero esta es la naturaleza fundamental de embarcarse en un esfuerzo tal con una especie que nunca antes ha crecido en cautiverio. Nada se sabe antes de empezar. Hay que descubrir todo a lo largo del camino.
Una semana después de que se me presentaron los huevos de un dÃa, Reillo logró hacer que uno eclosionara. Dos dÃas después, hizo eclosionar otro: HabÃa descubierto la fórmula. (Al final eclosionaron doce huevos). Ellos ya sabÃan que la temperatura que servÃa para incubar huevos del cuarto dÃa en adelante era de 37.65°C. La temperatura que los llevaba del dÃa uno al dÃa cuatro resultó ser 37.68°C. 0.03 grados Celsius: Esa es la pequeña cantidad que marca toda la diferencia.
Por supuesto, lo que se obtiene cuando eclosiona un huevo de un dÃa, es un polluelo de un dÃa—un polluelo al que debe alimentar un humano desde el momento de la eclosión. Se le debe dar un preparado especial con la consistencia de una masa de panqueque cada media hora, el cual se le debe depositar en el pico con una jeringa. No es la primera vez que Rare Species ha tratado con polluelos de un dÃa, y desafortunadamente el equipo ha descubierto que presentan un desafÃo casi tan grande como el de los huevos de un dÃa. El año pasado, cuando las inundaciones de mayo amenazaron por segunda vez con dejar bajo el agua a todas las nidadas de la pradera, los técnicos de campo salieron de emergencia a recolectar huevos y lograron llevar más de tres docenas al establecimiento seguro de Reillo. ¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ de examinarlos y pasar por el proceso de "candling", él determinó que los 23 aún podÃan desarrollarse (el hecho de que pudiera comprender en qué condiciones se encontraban los embriones significaba que habÃan estado en el nido por al menos tres dÃas). Esos fueron a la incubadora y, excepto dos, todos eclosionaron de manera exitosa.
"Ese solo fue el principio de las dificultades, por supuesto", explica Reillo. La dieta que daba muy buenos resultados con los polluelos de unos pocos dÃas más de edad parecÃa no ser apropiada para estos que acababan de eclosionar. A pesar del trabajo heroico 24/7, esfuerzos mancomunados y ajustes continuos al protocolo, los polluelos simplemente se debilitaban. De los 21 que lograron eclosionar, 11 no sobrevivieron. "Si los padres logran alimentarlos durante unos dÃas, de algún modo estimulan el sistema inmunitario, ayudando al intestino con jugos gástricos que tienen todo el complemento de la flora intestinal", explica Reillo. "Y el resultado es que hemos tenido éxito al 100 por ciento. De las nidadas que recibimos, todos los ejemplares de al menos tres dÃas de edad sobrevivieron—el cien por ciento. No parece importar qué tan enfermo o débil esté la criatura. Mientras no esté muerta y los padres la hayan alimentado, podremos hacerla crecer sin problemas. Es extraordinario". Pero si los padres no la han alimentado, la tasa de éxito baja.
Y los problemas con los polluelos de un dÃa parecen agravarse considerablemente cuando el polluelo eclosiona de un huevo de un dÃa. Hay que tener en cuenta que estos polluelos pesaban hasta el 40 por ciento menos de los 1.5 gramos de un polluelo de gorrión sabanero pechileonado de Florida pequeño y normal. Ese polluelo de la historia en eclosionar de un huevo de un dÃa, pero murió al cabo de unos dÃas. Lo mismo pasó con los siguientes polluelos que estuvieron en esa situación. En total, de los doce polluelos que Reillo logró hacer eclosionar de huevos de un dÃa de manera milagrosa, solo sobrevivió uno. La reproducción en cautiverio no es para los débiles de carácter.
Yocreo que existe un error de percepción común en el subgrupo de personas que al menos conoce la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés): la creencia de que, una vez que una especie se clasifica como en peligro de extinción, el gobierno federal—en particular, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, si su conocimiento llega hasta ese nivel de profundidad—tiene algún tipo de responsabilidad absoluta de hacer (y brindar financiamiento para que se haga)todo lo posible para evitar que la especie en cuestión se extinga. Al menos, es lo que yo pensaba.
Aparentemente, no es asÃ. A principios de este año, se comenzaron a escuchar rumores de que el USFWS, que durante los últimos cuatro años habÃa desembolsado más de un millón de dólares en fondos para la recuperación del gorrión sabanero pechileonado de Florida, no se comprometerÃa a brindarle más apoyo económico al programa. "Cuando recibà las malas noticias de que este programa no iba a recibir apoyo y de que los gorriones no iban a recibir financiamiento, fue como un disparo directo al corazón", cuenta Sandra Sneckenberger, que trabaja para el USFWS, no lo olvidemos. "Esto es lo quehacemos, lo que hace el Servicio de Pesca y Vida Silvestre: Nosotros protegemos a las especies en peligro de extinción. Si no lo hacemos, el público no se preguntará: ‘Si ustedes no lo hacen, ¿±ç³Ü¾±Ã©²Ô lo hará?’"
Pero esta es la cuestión: La oficina de la región sureste del USFWS, en las afueras de Atlanta, supervisa el trabajo de la agencia en 10 estados junto con Puerto Rico y las Islas VÃrgenes de los Estados Unidos. Ese territorio es el hogar de alrededor de 400 especies de animales y plantas que han sido declaradas en peligro de extinción de acuerdo con la ESA. (La oficina regional también está obligada a evaluar a unas 400 especies adicionales que se encuentran en riesgo para determinar si son candidatas para incluirse en la lista). El presupuesto total anual para este trabajo es de $14 millones. "Esto representa alrededor de $35,000 por especie", explica Leopoldo Miranda, el vicedirector regional del USFWS. (Y eso si solo se cuentan las 400 especies que figuran en la lista en la actualidad).
Y, de manera razonable y a veces de manera no razonable, desde el punto de vista del financiamiento del USFWS, no todas las especies son iguales. Por ejemplo, los programas de reproducción en cautiverio para solo dos de ellas, el lobo rojo y la cotorra puertorriqueña, se quedan con sumas de dinero bastante importantes, de $1.2 millones y $900,000 al año respectivamente. "Realmente es una decisión muy difÃcil, porque todos queremos continuar financiando a todas las especies a un nivel adecuado, pero no hay duda de que no tenemos la capacidad de hacerlo", dice Miranda. "En términos de programas como el de los lobos rojos y las cotorras puertorriqueñas, esto es más que nada por una cuestión histórica". Tomamos esa decisión de tener poblaciones en cautiverio para ayudar a su reproducción hace mucho tiempo, y estamos totalmente comprometidos con esa causa y ahora estamos donde estamos".
Todo esto significa que, mientras desde la retórica el Servicio de Pesca y Vida Silvestre declara un compromiso constante con el gorrión chapulÃn de Florida ("Quiero poder mirar hacia atrás y decirle a todo el mundo, incluidos mis hijos, que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para salvar a esa especie", como dice Miranda), desde el punto de vista económico se está haciendo a un lado. "Hay motivos para ser optimistas" en cuanto a las posibilidades que tiene el gorrión chapulÃn de Florida de no extinguirse, dice Larry Williams, el supervisor de los servicios ecológicos del USFWS en el estado de Florida. "Pero creo que es apropiado que el Servicio se pregunte: ‘¿Cuánto podemos continuar invirtiendo en esta especie teniendo en cuenta que también tenemos que prestarle atención a todas las demás especies?’".
A mediados de mayo, debido a un pedido urgente de otros miembros del grupo de trabajo, Williams redactó una carta formal utilizando papelerÃa del USFWS en la que declaraba que "las fuentes de financiamiento a las que recurrÃamos en el pasado ya no ofrecen sumas que puedan financiar la totalidad del programa"—una declaración que Reillo y otros sostuvieron que era esencial si de alguna manera planeaban atraer fondos externos para compensar la diferencia. Como dice Reillo: "Es casi imposible conseguir apoyo independiente para cualquier cosa que se considere un programa federal".
Desde que se escribió esa carta, se creó auspiciada por la Fundación de Pesca y Vida Silvestre de Florida para recibir donaciones deducibles de impuestos con el fin de financiar el trabajo para ayudar al gorrión chapulÃn de Florida a recuperarse en forma directa. Pero, por lo menos hasta ahora, aún no se han realizado esfuerzos conjuntos coordinados para recaudar fondos, principalmente porque, ¿±ç³Ü¾±Ã©²Ô tiene tiempo como para hacerlo? Como dice Reed Bowman, director de ecologÃa aviar de Archbold, que controla la supervisión de los gorriones y el trabajo de recuperación en el rancho: "No estoy seguro de ser capaz salir a buscar subvenciones de fundaciones para obtener dinero que solÃa gastar el Servicio de Pesca y Vida Silvestre".
Asà que los biólogos de campo del Servicio se prepararon para recoger en la pradera las aves que se necesitaban para que el programa de reproducción en cautiverio, que era una apuesta arriesgada, tuviera la mayor cantidad de probabilidades de tener éxito, pero lo hicieron sin saber de dónde saldrÃa el dinero para mantener el programa vigente—cientos de miles de dólares al año—.
Un viernes a principios de julio, el USFWS convocó otra sesión del grupo de trabajo, una especie de conclusión de la reunión de 2014, pero esta vez para hablar menos de si recoger aves o no y más sobre cuántas y dónde. Reillo asistió a regañadientes. Sus recintos no estaban ni cerca de completarse y sentÃa que el tiempo se podrÃa aprovechar mucho más tomando un taladro y una pistola grapadora que volviendo a debatir una decisión que, hasta donde él sabÃa, ya se habÃa tomado hacÃa mucho tiempo. Pero al final condujo las dos horas hacia el norte para llegar a Vero Beach. Y quizás fue bueno que viajara. "¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ de más de cinco horas de deliberaciones, llegó un cierto punto en el que alguien dijo: "Quiero volver un poco hacia atrás y cuestionar toda la idea de la urgencia de la recogida"", dijo después con una voz que dejaba ver la consternación que debe haber sentido en ese momento. "Ahà fue cuando yo dije: ‘No pierdan el tiempo. Este es el último año. No creo que puedan recoger ni seis parejas. Y si la recogida no se hace ahora, realmente habrÃa que decir que no se hará nunca’".
Finalmente, se decidió recolectar seis parejas. A esas alturas, los huevos de dos nidos del rancho ya habÃan eclosionado; los polluelos debÃan emplumar antes del próximo jueves, asà que el plan era capturar las aves el miércoles. Es decir, tenÃan cinco dÃas para hacerlo. ¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ, durante el fin de semana dos nidos se plagaron de hormigas de fuego, uno tras otro. Los polluelos fueron asesinados y los padres escaparon para construir otro nido en algún lugar cercano y comenzar el ciclo desde cero.
Los técnicos estaban monitoreando otros dos nidos en el rancho, y Sneckenberger decidió incluirlos lo antes posible. Luego comenzó la tormenta. "A la hora del almuerzo comenzamos a preocuparnos por la familia que estábamos por ir a recoger", recuerda Sneckenberger. "Enviamos a los técnicos al lugar y el nido estaba muy inundado. Totalmente inundado. Y habÃa un polluelo que acababa de eclosionar. Y un huevo del que estaba por salir un polluelo, cuyo pequeño pico ya se veÃa, y otro huevo más". Corrieron para rescatar a esas aves que acababan de eclosionar, llevarlas rápidamente al Campo de la Fuerza Aérea de Avon Park y colocarlas en otro nido que también estuviera en proceso de eclosión. En Avon Park uno de los técnicos alimentó al polluelo de un dÃa de vida durante la noche, y él y otro técnico se turnaron para montar una guardia para el nido. "SeguÃan corriendo para ver si se estaba inundando y terminaron elevando ese nido tres veces", cuenta Sneckenberger. "RecibÃamos llamadas y ellos decÃan: ‘Aún está muy mojado, podemos levantarlo otra vez. ViolarÃamos todos los protocolos’. ¿Pero qué otra alternativa queda?"
Al dÃa siguiente se colocaron las redes de niebla en el rancho y los técnicos lograron capturar a la madre y llevarla a los recintos de Reillo. ¶Ù±ð²õ±è³Üé²õ se llevó a un macho para que se uniera a ella. Contra todos los pronósticos, todos y cada uno de los huevos que se habÃan llevado a Avon Park eclosionaron y las crÃas emplumaron de manera exitosa. Con suerte, uno o dos sobrevivirán al invierno. Ese viernes se capturó a otra pareja reproductora del otro nido controlado en el rancho, la cual fue transportada a Rare Species de manera exitosa.
Y luego, durante casi un mes, los esfuerzos de recolección se detuvieron: una pareja reproductora capturada, otro macho y otra hembra capturados por separado y reunidos para formar una segunda pareja, cuatro recintos aún vacÃos. Esta pausa básicamente fue una función de los ritmos naturales de la pradera. Como explicó Sneckenberger: "El entorno tenÃa que secarse para que las aves pudieran nidificar. No se puede encontrar a una pareja si no está nidificando". Pero aun asÃ, a Reillo le estaba costando mucho contener su impaciencia. El 3 de agosto, de manera sarcástica dijo: "Tenemos cuatro espacios vacÃos. O los lleno, o los quemo". "Voy a poner monos leoncitos o mariposas dentro solo para hacer una declaración".
Y de repente se descubrieron seis nidos nuevos. En una sucesión de hechos relativamente veloz, los biólogos de campo recogieron una familia de siete, después una pareja y a continuación, una familia de cinco integrantes. Finalmente, el viernes 18 de agosto, Sneckenberger y su equipo atraparon a un macho de Three Lakes con la red—el último gorrión capturado en esta temporada y posiblemente en toda la vida—y lo enviaron a Rare Species para que se apareara con un gorrión hembra que habÃa sido rescatado de Avon Park en junio. Se habÃan llenado todas las jaulas. No todas las parejas se comprobaron, el financiamiento continuo aún debe garantizarse, y ciertamente no se puede saber si al final la reproducción en cautiverio tendrá éxito. Pero al menos, finalmente el USFWS, el Grupo de Trabajo sobre el gorrión chapulÃn de Florida y todos nosotros tendremos la posibilidad de descubrir si la reproducción en cautiverio puede salvar al ave más amenazada de América del Norte.